Conferencia Conjunta ReLAC – IDEAS – RedLacMe. Guanajuato, México. #Eval

Ya los diarios de México anuncian la conferencia conjunta entre las redes regionales ReLAC y RedLacMe, junto a la red global de evaluación IDEAS, para el próximo diciembre de 2017, en Guanajuato, México. En la página de Facebook de ReLAC hay algunos videos sobre la muy reciente firma del Memorando de Entendimiento entre las redes y asociaciones involucradas, así como fotos y entrevistas. Además de las organizaciones mencionadas, estarán con una presencia relevante el gobierno y Universidad de Guanajuato, ACEVAL (la Academia Nacional de Evaluadores de México), CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de Políticas Sociales) y CLEAR-LAC.

Por lo pronto, sirva este cartel como recordatorio y enlace para agendar la fecha, a la espera de próximas novedades del evento.

Viernes light: Tatuajes en el corazón (Gregory Boyle)

Hace unos meses atrás una referencia en un podcast me hizo googlear por el libro Tatuajes en el corazón: el poder de la compasión sin límites, escrito por el padre Gregory Boyle, jesuita con más de treinta años de trabajo con (ex)pandilleros de la ciudad de Los Ángeles, en EE.UU (aquí se puede leer su Introducción). Antes de comprar el libro, su charla TED (en Inglés) me terminó de convencer que había algo realmente MUY valioso en su experiencia y aprendizaje (amén de haber convertido la experiencia en aprendizaje… ). Y sin duda que parte de su espíritu ha motivado e iluminado a quienes estamos gestando en estos días el Centro Genesaret 
En el número 63 de la revista Desarrollo de Base encontré la siguiente reseña del libro, la que reproduzco mínimamente editada, confiado en que resulte inspiradora  para emprendimientos con algo de dicho espíritu… 
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Las pandillas en México y América Central se han convertido en una lacra y una fuente de temor para la población local, incluyendo comunidades donde los socios donatarios de la IAF viven y trabajan. La violencia pandillera es responsable de muchos de los 96 homicidios por cada 100.000 habitantes registrados en 2012 en Honduras, país que se ha disparado hasta la cima en los gráficos que ilustran las estadísticas de asesinatos. Las cifras en El Salvador y Guatemala alcanzaron 69 y cerca de 39 por 100.000, respectivamente. Para poner estos números en perspectiva, EE.UU. tuvo 4,7 homicidios por cada 100.000 en 2011.

Irónicamente, muchas de las pandillas más violentas de América Central, en forma prominente la Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18, nacieron en las calles de Los Angeles y otras ciudades estadounidenses. Luego se las exportó, primero a El Salvador y posteriormente a Honduras y Guatemala, cuando sus miembros fueron deportados como delincuentes. Las pandillas, frecuentemente en acción conjunta con narcotraficantes, rutinariamente asesinan a honestos fiscales, testigos y jueces a los que consideran una amenaza. Las cárceles están hacinadas, mal mantenidas y a menudo regidas por los propios reclusos —quienes continúan sus negocios por medio de teléfonos celulares.

Autoridades en ciudades de todo EE.UU y de América Central, así como profesionales del desarrollo, desesperan por encontrar un enfoque que apunte más allá de la policía, los juicios y las prisiones y proporcione a los jóvenes una salida del delito. Tatuajes en el corazón  documenta un enfoques que parece funcionar en el barrio de Los Angeles: el de Homeboy Industries, iniciado 25 años atrás por el autor, un dinámico sacerdote jesuita. El padre Gregory Boyle empieza insistiendo en que la necesidad de pertenencia y de sentirse importante lleva a los jóvenes a unirse a las pandillas. Una vez que lo hacen, su expectativa de vida se reduce. Boyle ha perdido la cuenta de los jóvenes que ha tenido que enterrar como pastor, incluyendo víctimas inocentes de tiroteos con vehículos.

Es para los sobrevivientes —jóvenes que han estado en la drogadicción y en prisión— que Boyle fundó Homeboy Industries, que trabaja incansablemente para enseñar a sus destinatarios destrezas con demanda en el mercado laboral y desarrollar su autoestima. Él se jacta de que Homeboy Industries es la única empresa que exige que sus empleados hayan sido condenados por delito para trabajar en su panadería, restaurantes, servicio de comidas, mercados de granjeros y taller de diseño gráfico que también hace ropas —incluyendo una camiseta que tiene en el frente “Trabajos, no Cárceles”, y en la espalda, “Nada detiene a una bala como un empleo”. Mientras están en el programa, los jóvenes —en su mayoría latinos, algunos recién llegados— estudian para su certificación secundaria, mejoran su inglés y ganan experiencia laboral.

Homeboy también ofrece albergue, rehabilitación de droga y alcohol, consejería individual y familiar, e incluso clases para padres; servicios de ayuda legal y de salud mental están abiertos a todo aquel que entre por la puerta. De acuerdo con Boyle, a menudo estos “homies” están cubiertos de tatuajes, por lo que el personal de Homeboy Industries se ofrece a sacárselos utilizando la tecnología laser más nueva. El año pasado, 400 hombres y mujeres jóvenes se incorporaron a las clases, que van desde control del enojo hasta yoga, y 300 a la capacitación vocacional; Homeboy Industries emplea a 300 ex alumnos.

La vida y el trabajo de Boyle en el barrio, como párroco y líder cívico, le han ganado el respeto de pandilleros y sus familias y el apodo de “G-Dog”, título de una documental sobre Boyle recientemente estrenada en Los Angeles. Su libro es humanista, inspirador y esperanzador a pesar de las terribles circunstancias de los jóvenes involucrados. Es una buena lectura, pero si no tiene tiempo para ella, por lo menos visite www.homeboyindustries.org.—

Patrick Ahern, representante de la IAF para Nicaragua

Más de 20 posgrados en Evaluación en América Latina y el Caribe -Abril 2017-

Hace más de dos años publicaba aquí una entrada sobre los Posgrados en Evaluación en América Latina y el Caribe, a partir de lo que los colegas de Enclave de Evaluación (Evaluación y Enfoque de Derechos) habían presentado en esos días en su serie Panorámicas Enclave. Procurando actualizar dicha información, conté ahora con el muy importante aporte de diversos amigos y profesionales de la región, quienes chequearon y completaron la información que les acerqué, y que ahora comparto.  Los enlaces están actualizados y vigentes al día de hoy, si bien cada posgrado puede haber cerrado su matrícula en sus respectivas fechas. Quedo atento a posibles nuevas incorporaciones…

 

 

País Ciudad Tipo de Posgrado Nombre del Posgrado Unidad Académica
Argentina Lanús (Buenos Aires) Especialización Especialización en Evaluación de Políticas Públicas Universidad Nacional de Lanús y Universidad Nacional Arturo Jauretche
Argentina Buenos Aires Especialización Especialización en Evaluación de Políticas Públicas Escuela de Política y Gobierno, Universidad Nacional de San Martín
Argentina Paraná (Entre Ríos) Maestría Maestría en Evaluación de Políticas Públicas Facultad de Trabajo Social – Universidad Nacional de Entre Ríos
Argentina Buenos Aire Maestría Maestría en Planificación y Evaluación de Políticas Públicas Escuela de Política y Gobierno, Universidad Nacional de San Martín
Argentina Buenos Aires Maestría Maestría en Evaluación de Proyectos Universidad del CEMA
Brasil Florianópolis / SC Maestría Mestrado Profissional em Métodos e Gestão em Avaliação Universidade Federal de Santa Catarina
Brasil Rio de Janeiro Curso Pós-Graduação: Gestão Governamental e Avaliação de Políticas Sociais Departamento de Ciências Sociais da PUC-Rio ( Pontificia Universidad Católica do Rio
de Janeiro)
Brasil Fortaleza Maestría Mestrado Profissional em Avaliação de Políticas Públicas CENTRO DE CIÊNCIAS AGRÁRIAS, Universidade Federal do Ceará
Brasil Rio de Janeiro Maestría Mestrado Profissional em Avaliação (stricto sensu) Fundação Cesgranrio
Brasil Juiz de Fora/MG Maestría Mestradom em Gestão e Avaliação da Educação Pública Universidade Federal de Juiz de For a
Chile Santiago Curso Curso Técnicas Avanzadas de Evaluación de Proyectos de Inversión Pública Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES), de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Chile Santiago Curso Curso Evaluación de Políticas y Programas Públicos Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Chile Santiago Diplomado Diplomado en Evaluación de Impacto de Programas y Políticas Públicas Pontificia Universidad Católica de Chile (Instituto de Economía) y el Poverty Action Lab (J-PAL)
Chile Santiago Diplomado Diplomado en Gestión y Evaluación de Proyectos Universidad Andrés Bello & Universidad Europea de Madrid
Chile Santiago Diplomado Diplomado de Evaluación Económica y Social de Proyectos Universidad de Santiago de Chile
Chile Santiago Diplomado Diploma en Evaluación de Políticas Públicas Universidad de Chile
Costa Rica San José Maestría Maestría Académica en Evaluación de Programas y Proyectos de Desarrollo Universidad de Costa Rica
Guatemala / España Guatemala / Salamanca Maestría Master en Monitoreo y Evaluación de Políticas Públicas Universidad San Carlos de Guatemala y Universidad de Salamanca (España)
México Ciudad de México Diplomado Diplomado en Políticas Públicas y Evaluación Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE A.C) y el Centro Regional para el Aprendizaje en Evaluación y Resultados (CLEAR-LA)
Perú Lima Diplomado Diplomatura de Especialización en Monitoreo y Evaluación de Proyectos y Programas Sociales Pontificia Universidad Católica del Perú
Perú Lima Curso Evaluación de programas de desarrollo GRADE, Grupo de Análisis para el Desarrollo
Perú Lima Diplomado Diplomado en monitoreo y evaluación de planes, programas y proyectos de desarrollo Universidad Peruana Cayetano Heredia, Escuela de Posgrado “Víctor Alzamora Castro”
Perú Lima Curso Curso de Evaluación de Impacto Universidad del Pacífico

Evaluación y profesionalización: ¿extraña pareja? (3º y última parte)

Tanto en la primera como en la segunda entrada de esta serie destinada a explorar la situación del binomio profesionalización y evaluación, ha rondado la cuestión si la profesionalización es el camino que (hoy por hoy) debería seguir la comunidad evaluadora. Una manera diferente de abordar este punto podría ser considerarlo, en sí mismo, como un asunto obsoleto, si es que entendemos que ya estamos embarcados en ese camino hacia la profesionalización. Aunque seguramente continuarán los debates y argumentos respecto al punto final del mismo, el proceso de profesionalización en sí mismo es ya una realidad, constituida por al menos los siguientes hitos:

  1. un compromiso por la definición del oficio, lo que implica la construcción y mantenimiento de un cuerpo de conocimiento único y especializado. Esto se ha expresado muchas veces como la lógica específica de la evaluación o el pensamiento evaluativo (escalas de valor y rúbricas, etc.);
  2. un compromiso con el desarrollo profesional continuo, que implica la necesidad de actualizar continuamente las aptitudes, los conocimientos y la experiencia necesaria para la práctica evaluativa. Esto se hace generalmente vía posgrados, talleres, formación in situ, e-learning, participación en conferencias, lecturas propias del campo evaluativo, etc .;
  3. el desarrollo de principios, códigos de ética, competencias y estándares, que son reflejo de los valores del campo de la evaluación (responsabilidad, compromiso, respeto por las personas, etc.). Estos son elementos claves para garantizar la calidad y seguridad de los que trabajan en evaluación, así como del público en general.
  4. el desarrollo de determinados tipos de reconocimiento profesional, como la certificación, acreditación y credencialización.

El logro de algunos de estos propósitos, con sus resultados lógicamente diversos dependiendo del contexto, ha marcado el núcleo de los esfuerzos de la mayoría de las VOPEs, y señalan hitos claros hacia la profesionalización de la evaluación. Basándose en la trayectoria histórica de la práctica de evaluación a nivel mundial, Davies y Brümer (en la página 6 de un informe preparado para UNEG) sostienen que la profesionalización de la evaluación puede conceptualizarse como un continuo que consta de tres bloques de construcción clave y secuencial: estándares de evaluación, competencias de los evaluadores, y procesos para verificar competencias.

Desafortunadamente, la discusión se ha estancado cuando el foco ha estado puesto solamente en las cuestiones del reconocimiento profesional, sin entender las mismas como un subconjunto de un proceso mucho más completo (y complejo). Equiparar al reconocimiento profesional con profesionalización ha reforzado la tendencia de presentar la práctica de la evaluación como “… la esfera del técnico, quien se basa principalmente en el seguimiento de  procedimientos o secuencias de comandos y la aplicación correcta de los métodos” (Schwandt 2015, p.144 “Evaluation Foundations Revisited”). Para evitar esto, la discusión y el acuerdo sobre los estándares  y competencias deben preceder y constituir la base de los esfuerzos de reconocimiento profesional. De lo contrario, la atracción por el resultado final de la profesionalización podría tener precedencia sobre la calidad del proceso para llegar allí.

Comprender el proceso de profesionalización caracterizado por los hitos arriba mencionados, facilita dejar a un lado (al menos algunas de) las controversias que suelen rodear a las propuestas de tipos particulares de reconocimiento profesional: la perspectiva de un mayor costo del sistema; la limitación o restricción para el ingreso a la práctica de evaluación sólo para aquellos que son capaces de demostrar conocimientos y habilidades especializados; la exclusión de aquellos no calificados, etc. Estos hitos están de hecho en el centro de todos los esfuerzos interesados en hacer a la evaluación (más) profesional, con independencia de si subrayan o no los componentes de profesionalización de los evaluadores.

El camino hacia la profesionalización es un proceso que conlleva desarrollar a la evaluación en una profesión madura, lo que se manifiesta en el largo y comprometido proceso de varias VOPEs en sus países y regiones en pos de la profesionalización de la evaluación, lo que no debe equipararse automáticamente con la gestación de una profesión. Hacer profesional a la evaluación apunta a su integración y uso para mejorar el desempeño de las políticas y programas, con la expectativa de que ello culmine en un sistema maduro o contexto institucional que pueda articularse fácilmente con el oficio evaluador. Sin dichos mecanismos de integración y uso de la evaluación a nivel nacional (y regional), el rol profesional de los evaluadores seguirá siendo incompleto.

En base a lo anterior, un punto importante resulta que tanto el proceso hacia la profesionalización de los evaluadores como la profesionalización de la evaluación deben seguir el mismo camino, al menos en la mayoría de sus hitos iniciales. Pueden entenderse entonces como procesos bastante similares -con un punto de arribo final diferente- que requieren poner en funcionamiento ciertos sistemas y procedimientos, al mismo tiempo que se capacitan recursos humanos con las competencias necesarias que los habiliten para realizar evaluaciones de alta calidad, y colaborar así a fortalecer y profundizar la agenda nacional de evaluación.

Si la discusión sobre profesionalización hace hincapié en el componente de desarrollo de la evaluación en un esfuerzo más profesional y maduro, también facilita ampliar el enfoque más allá de los propios evaluadores. Las VOPEs, por tanto, pueden hacer mucho para fortalecer la oferta de aprendizaje y capacitación de evaluación de alta calidad para los diversos actores involucrados en el campo de la evaluación: comisionados, donantes, practicantes y evaluadores.

Seguramente el desarrollo de competencias y normas de evaluación llevadas a cabo por varias VOPEs ha estimulado la discusión y el debate dentro del campo de la evaluación sobre la identidad y la práctica profesional.
Al mismo tiempo, no está claro si influyó (o tiene la oportunidad de influir) en la práctica de evaluación misma, así como las percepciones de la legitimidad de la evaluación por los funcionarios y donantes. Esto implica que hay todavía un relevante trabajo que realizar antes de avanzar en recomendar una forma particular de acreditación, certificación o alguna otra forma de reconocimiento de las habilidades, conocimientos y experiencia evaluativa.

Una de las amenazas relevantes para las VOPEs al transitar este camino hacia la profesionalización de la evaluación es relegar la misma a un mero conjunto de técnicas de rendición de cuentas, control y de “gestión del conocimiento”, olvidando que la fuerza de la evaluación reside en mucho más que en determinados recursos técnicos y metodológicos (tal cual lo planteaba hace poco tiempo y con meridiana claridad Carlos Rodríguez-Ariza en su post No hay profesionalización sin evaluación). En ese sentido, Thomas Schwandt (2015, p.465) sostiene que la comunidad evaluativa tiene que cambiar su atención de una “profesionalidad técnica” hacia un modelo de “profesionalidad democrática”, el cual entiende (invoca) a la evaluación como un acto político. La evaluación debe ser entendida como una intervención con efectos inevitables e ineludibles sobre (y cambios en) las relaciones de poder entre las partes interesadas – los administradores de programas, los beneficiarios previstos, los evaluadores, los demandantes de evaluación, etc. Ser una práctica profesional implica que la evaluación no es meramente (ni principalmente) una actividad técnica, sino que, al decir de Ian Davies, es un esfuerzo que tiene como fuente original a valores, apertura mental y la inteligencia emocional, y es sólo haciendo a estos los fundamentos explícitos y necesarios de la identidad profesional, que la profesionalización puede ser positiva (Davies y Brümmer 2015, p.3).

Seguramente las VOPEs puede hacer mucho más que embarcarse en este viaje en soledad. Un buen punto de partida es interiorizarse  del esfuerzo realizado por la Sociedad Canadiense de Evaluación (analizado en el Canadian Journal of Evaluación del Programa 29: 3) y la misma evaluación de dicho proceso (. Fierro et al 2016). Gunter Rochow ha sostenido que DACUM (Developing A Curriculum) podría resultar un enfoque útil para el desarrollo de capacidades de evaluación mediante competencias. Más recientemente, el trabajo en curso de EES & UKES en el marco de los Voluntary Evaluator Peer Review (VEPR) ha construido un concepto o Charter of Principles que puede facilitar una convergencia estratégica entre las VOPEs con respecto a la profesionalización, animándolas a adoptar procesos adaptados a su contexto y basados ​​en un conjunto de principios coherentes con buenas prácticas, directrices y marcos de evaluación.

Si bien la evaluación muestra una notable heterogeneidad en su maduración como disciplina en los distintos contextos nacionales, la IOCE, como el paraguas internacional de las VOPEs, debe seguir fomentando el intercambio y la práctica de VOPEs nacionales y regionales en torno a la profesionalización. Como está implícito en su nombre, la función de la IOCE debe ser la de cooperar en los esfuerzos a nivel regional y nacional, en lugar de simplemente unificarlos. Este no es el momento para avanzar de una manera única en todo el mundo, que se expresara en una definición homogénea de la disciplina, un código unificado de ética, o un conjunto fijo internacional de estándares y competencias. Podría seguramente existir algún acuerdo sobre principios estándares generales, pero su nivel de concreción debe ser ampliamente discutido. En ese sentido, la IOCE podría desempeñar un papel de plataforma para compartir las diferentes iniciativas que están llevando a cabo por las VOPEs a nivel nacional y regional, reconociendo explícitamente que tales esfuerzos deberían ser adaptados a sus contextos relevantes.

Si bien no es deseable indicar una ruta global y única a la profesionalización, hacer a la evaluación una profesión madura es una buena y adecuada visión compartida por VOPEs de todo el mundo, las que tienen diferentes prioridades y que podrían estar desarrollando diferentes estrategias hacia la profesionalización. La centralidad de transformar el camino hacia la profesionalización en un proceso de verdadera colaboración y de abajo hacia arriba tiene más beneficios que riesgos, mientras que el punto final de dicho recorrido -el hacer de la evaluación una práctica profesional- es muy valioso.

Evaluación de Políticas Públicas: Encuentro de trabajo ARGENTINA – BOLIVIA. #eval

Insertando esta acción en el marco de la Semana de la Evaluación en Argentina (y también en la Semana de la Evaluación en América Latina y el Caribe), tendrá lugar en unos días más en la ciudad de Córdoba (Argentina) el encuentro gestado entre la Red Argentina de Evaluación -Red EvaluAR-, y la Red de Monitoreo y Evaluación Bolivia -Red MeBol-.  Los objetivos del evento son los siguientes:

  • Poner en práctica un “modelo de trabajo entre pares”, que fortalezca los lazos entre las VOPEs de Argentina y Bolivia, en perspectiva de promover la institucionalización de la evaluación de políticas públicas a partir de un análisis de situación conjunto, la identificación de buenas prácticas, el intercambio de aprendizajes y la complementación de fortalezas y necesidades.
  • Desarrollar de manera conjunta, una agenda binacional de institucionalización de la evaluación de políticas públicas.
  • Establecer compromisos y acuerdos operativos para implementar y hacer seguimiento a la Agenda Binacional, así como para sistematizar la experiencia.

El programa completo aquí. Y los mejores augurios, también!!

Evaluación y profesionalización: ¿extraña pareja? (parte 2)

En la entrada anterior presenté algunos aspectos generales de la profesionalización de la evaluación, tema cuyo derrotero puede rastrearse a lo largo de los últimos 25 años, donde los méritos y limitaciones de distintos sistemas de acreditación y de credencialización han sido discutidos tanto en artículos de revistas como en presentaciones en conferencias de Evaluación. Se observa en la actualidad un interés renovado por la temática, a la vez que un “clima” donde el debate respecto a la profesionalización es abordado con menor efervescencia que hace unos años atrás. Colegas que en el pasado fueron escépticos (sino directamente negativos) respecto a la profesionalización de la evaluación como una dirección positiva a seguir, se muestran ahora abiertos a explorar este camino. Junto a ello, se actualizan esfuerzos en pos de dar una más profunda comprensión a las cuestiones teóricas y conceptuales involucradas en la profesionalización, aspecto clave ya que su mismo entendimiento comprende a una amplia gama de significados (desde “mejorar la práctica de evaluación” a “establecer una profesión”).  

Resulta claro que al interior del campo evaluativo, son las VOPEs (redes, sociedades, asociaciones de evaluación) las que se vienen posicionando como actores clave para encarar estos procesos colectivos de discusión sobre evaluación y profesionalización. En tal sentido, existen distintos procesos liderados por VOPEs, los que sucintamente presento a continuación.

La
Sociedad Canadiense de Evaluación (CES), generalmente entendida como la VOPE pionera en el proceso de profesionalización, adoptó un enfoque basado en competencias, llamado Professional Designation Program, basado en tres pilares: un código de ética, estándares y competencias. Este esquema, lanzado oficialmente en junio de 2009, otorga la designación de Credentialed Evaluator a los miembros de la CES que proporcionan evidencia convincente respecto a la formación y experiencia requerida para ser considerado un evaluador competente.

La Sociedad Europea de Evaluación (EES), junto con la Sociedad de Evaluación del Reino Unido (UKES), están llevando a cabo en estos meses
un proceso de evaluación por pares, llamado
Voluntary Evaluator Peer Review (VEPR), el que utiliza la autorreflexión apoyada por colegas,  centrándose en áreas de práctica seleccionadas por el practicante de la evaluación -evaluador, gerente, comisionado o educador / formador- que emprende dicha revisión. Este esquema implica un proceso de revisión basado en la práctica reflexiva, donde los evaluadores se presentan ante su sociedad de evaluación a fin de someterse a una revisión sistemática de sus capacidades, con el objetivo de alcanzar planes concretos de superación o mejora profesional.

La Sociedad Americana de Evaluación (AEA), la mayor de todas las VOPEs, adoptó los Guiding Principles for Evaluators, desarrollados y aprobados en 1994, y revisados ​​diez años después. Sus miembros aprobaron los Joint Committee’s Program Evaluation Standards, así como una Declaración de Competencias Culturales en 2011. En 2015, la Junta Directiva de la AEA comisionó a un Grupo de Trabajo el desarrollo para la asociación de una serie de competencias de los evaluadores.

Otras VOPEs también han utilizado las
Joint Committee’s Program Evaluation Standards para desarrollar sus propios sistemas de estándares de evaluación, como es el caso de DEGEVAL (Alemania) y SEVAL (Suiza), asícomo los recientemente desarrollados Estándares de Evaluación para América Latina y el Caribe, presentados por la Red de Seguimiento, Evaluación y Sistematización de América Latina y el Caribe.  La Sociedad de Evaluadores de Nueva Zelanda, ANZEA, presentó en 2011 los  Estándares de Evaluación para Aotearoa New Zealand, , y  la Sociedad de Evaluación de Australasia (AES), publicó en 2013 la Guías éticas para el
desarrollo de evaluaciones
.


 

 

Si bien parece que la Asociación Africana de Evaluación no ha desarrollado actividades concretas en este ámbito, la Asociación Sudafricana de Monitoreo y Evaluación(SAMEA) ha participado recientemente junto con el Departamento de Planificación, Seguimiento y Evaluación de la Oficina de la Presidencia de Sudáfrica en un estudio que explora opciones para la profesionalización de la evaluación en el contexto sudafricano.

A nivel mundial, la Asociación Internacional de Evaluación del Desarrollo (IDEAS) ha desarrollado su Código de Ética como uno de sus documentos fundacionales, así como uno referido a  Competencies for development evaluation evaluators, managers and commissioners. Ambos documentos fueron desarrollados por grupos de trabajo multiculturales y con una perspectiva fuertemente global. Otro producto en materia de habilitación profesional está planificado, atendiendo a la identificación de un conjunto mínimo de competencias relevantes para los evaluadores en contexto de desarrollo.

Revisar estos diferentes esfuerzos por parte de las VOPEs muestra que la mayoría de los impulsores o drivers de la profesionalización han sido principalmente internos al campo, surgidos principalmente ​​por las aspiraciones de los propios practicantes (vale decir, el lado de la oferta de la evaluación). Si bien no existe un consenso entre las VOPE sobre cómo proceder con la profesionalización de los evaluadores, si hay un acuerdo más claro sobre la necesidad de fortalecer a los evaluadores y la evaluación, a fin de ampliar el grupo de evaluadores competentes. ¿Implicaría ello transitar el camino de la profesionalización? A explorar dicho interrogante estará destinada la tercera (y última) entrada de esta serie.

Evaluación y profesionalización: ¿extraña pareja? (parte 1)

La Agenda de Evaluación Global 2020, que
presenta una visión del campo evaluativo para el corto y mediano plazo, fue gestada y validada a través de un proceso de consulta a nivel internacional que involucró a las sociedades de evaluación y a evaluadores individuales. En dicha Agenda, la profesionalización es caracterizada como una de las prioridades para la comunidad global de evaluación. De ese modo, se sumó a la conversación, debate o disputa sobre la vinculación de dichos términos: profesionalización y evaluación.  Posiblemente dicha conversación, debate o disputa sobre este binomio esté dando cuenta de una de esas
cuestiones fundamentales del campo evaluativo, en cuanto implican temas  y problemas que periódicamente en él  reaparecen bajo nuevos formatos.

Hasta donde he podido conocer, este (recurrente) debate ha tenido lugar principalmente en el contexto norteamericano (EE.UU y Canadá), seguido por el europeo. Si sumamos al mismo a los colegas de Australasia, podríamos decir que ha sido una polémica prioritariamente anglófona.  Me interesa entonces reflexionar  en castellano sobre este tema, a fin de sumar voces y perspectivas latinoamericanas, las que creo han sido minoritarias en la discusión. Para ello, confío dedicar tres entradas del blog a esta ¿extraña pareja? de la evaluación y la profesionalización.

En esta primera entrada, además de introducir la problemática, apunto a presentar brevemente algunas de las características de la agenda en torno a la profesionalización de la evaluación, explicitando ciertas preocupaciones que parecen estar vinculadas a ese debate.

A su vez, la profesionalización es un tema estrechamente vinculado al colectivo de evaluadores, es decir, a las sociedades, asociaciones y redes de evaluación, recientemente identificadas como VOPEs -Organizaciones Voluntarias para la Evaluación Profesional-. Ha sido al interior de las VOPEs (y a veces entre ellas) que la profesionalización ha sido discutida, argumentada y construida, por lo que la segunda entrada de esta serie va a presentar dichos esfuerzos.

En la tercera y última entrada, me interesa aportar algunas ideas respecto a cómo sería un proceso deseable hacia la profesionalización de la evaluación, atendiendo a su cariz colaborativo y generado desde sus  bases (bottom up).

La agenda por la profesionalización

Junto a una mayor conciencia global respecto a la relevancia de la evaluación como herramienta clave para apoyar la mejora y/o el desarrollo de políticas públicas, existen también preocupaciones importantes sobre su práctica y legitimidad. En primer lugar, existe una percepción generalizada en cuanto existen demasiadas evaluaciones de baja calidad, un punto fuertemente vinculado con cuestiones de competencias, es decir, garantizar que los que realizan trabajos de evaluación estén calificados para ello. En segundo lugar -y en algunos contextos- se vislumbra un creciente desplazamiento de la evaluación por parte de otros esfuerzos, junto a la “invasión” del campo evaluativo por parte de otras empresas profesionales (analistas de negocios, analistas de big data, etc.). En tercer lugar, hay un déficit en cuanto credenciales y estándares establecidos que identifiquen el correcto obrar de los evaluadores.

Estos son los temas que periódicamente han dado lugar a debates sobre la profesionalización de la evaluación. En ellos puede identificarse, por un lado, la posición que la profesionalización es una vía pertinente y relevante para superar aquellos problemas, capaz de otorgar a la evaluación un mayor estatus, reconocimiento y, en última instancia, una mayor cuota de mercado. Por otro lado, encontramos una posición agnóstica que, aún reconociendo la gravedad de los problemas anteriores, duda o cuestiona si la profesionalización es el camino que la evaluación debería seguir en este tiempo.

Así como la profesionalización ha sido un tema controvertido en el campo de la evaluación, la sociología de las profesiones ilustra que ese ha sido el caso para todas las profesiones establecidas. El proceso real hasta adquirir el estatus profesional les ha llevado varias décadas (o siglos), siempre siendo un proceso altamente discutido y negociado, desarrollado a través de una serie de complejas interrelaciones de múltiples actores: los practicantes del oficio, los actores del estado y del mercado, las comunidades de práctica, etc.

Bob Picciotto, desde el marco de la sociología de las profesiones, sintetiza algunas de las características que debe construir una agenda para la profesionalización de evaluación: el reconocimiento público que la ocupación promueve el interés general; procesos reconocidos de desarrollo disciplinar (educación especializada, exposición continua a la práctica de expertos); autonomía profesional (la propia profesión controla la contratación, la calidad de la formación, la aprobación de directrices profesionales, la aplicación de normas éticas, etc.); el acceso a la práctica (la institucionalización de la experiencia profesional mediante la educación terciaria de alta calidad y una amplia gama de posibles restricciones sobre el acceso a la práctica profesional: designación, acreditación, certificación, licencias).

La relevancia de este marco es que no señala a un atributo o característica particular como suficiente y necesario para la profesionalización de una ocupación. En lugar de eso, da cuenta que se necesita una masa crítica de todos esos atributos, en estrecha articulación con sus contextos particulares de desarrollo. Este es un punto fundamental, ya que muchas veces la discusión de la profesionalización dentro de la comunidad evaluadora se ha centrado principalmente en los atributos de acceso a la práctica, enfatizando las diferentes categorías de designación que restringen el acto profesional o el uso del título. Este limitado enfoque ha implicado, por tanto, subrayar inmediatamente la necesidad del campo evaluativo de avanzar hacia esquemas de certificación, acreditación o designación.

Este énfasis en los atributos de acceso a la práctica ha sido probablemente el desencadenante de la aparición de diferentes reacciones, expresadas como preocupaciones respecto a lo que se presenta como tendencias exclusivistas de la práctica evaluativa. Junto a ello, la cuestión de la identidad del evaluador -quién es y quién no es “realmente” evaluador-, ha estado también presente. Esto no sólo se ha vinculado con preocupaciones sobre la cuota de mercado (definición de quién puede hacer evaluaciones), sino también con temores de que la profesionalización del campo evaluativo pueda crear barreras a la innovación y creatividad, condicionando o limitando los temas, áreas o enfoques considerados legítimos.

Incluso aquellos que entienden a la profesionalización como una respuesta pertinente y relevante a la falta  de calidad de las evaluaciones, señalan sus precauciones si el camino para convertirse en evaluador y definir sus competencias fuera a emerger como un resultado de la imposición de comportamientos particulares de parte de una organización “externa”, por fuera del control de la comunidad evaluadora, y sin un proceso de discusión democrática.

En el campo de la evaluación, la respuesta más clara a esta preocupación ha implicado considerar a las VOPEs -las sociedades, asociaciones y redes de evaluación- como los actores clave para llevar a cabo procesos legítimos y colectivos de discusión de aquello que está implícito en una evaluación profesional. A las VOPEs estará dedicada entonces la segunda entrada de esta serie.