Viernes Light: Hacer lo correcto. El heroísmo práctico de Elin Ersson

Una noticia de esas que devuelven la fe en la humanidad. Tremendo ejemplo, en estas épocas tan necesitadas de este humanismo. Como se lee en una de las notas citadas abajo, una persona puede hacer exactamente lo que una persona puede hacer.

Publicado por Jorge Elbaum en El Cohete a la Luna

Elin Ersson es sueca. Estudia en Gotemburgo. Conoció a una familia de ciudadanos afganos que estaban por ser deportados. Cuando se enteró que uno de ellos, de 52 años, iba a ser enviado a Afganistán, donde hay una guerra civil que lleva tres décadas, compró un billete de avión a Estambul en el vuelo en el que el ciudadano afgano era expulsado.

Una vez en el avión, Elin exigió al piloto que no despegara hasta que se reviese la situación del afgano y se aceptase su asilo. Se negó a tomar asiento para impedir el vuelo y grabó en vivo el video que figura a pie de esta nota. “Si la persona afgana no desciende del avión no me muevo de acá”, dijo. Y cumplió. Algunos pasajeros la apoyaron. Otros la insultaron. Según las leyes aeroportuarias le espera una multa de miles de coronas suecas y una posible condena a prisión de uno a seis meses.

La especie humana migró originalmente desde África hacia los restantes cuatro continentes. En ese trayecto vio nacer y morir a seres despreciables y entrañables. Elin es una evidencia de estos últimos.

 

Recordad el nombre de esta mujer: Elin Ersson

Habla ahora el cinismo. Dice: “¿Y de qué sirve? Lo meterán en otro avión. Lo mandarán a Afganistán en el siguiente vuelo. ¿Y qué hay de los otros? Constantemente deportan inmigrantes ilegales. Muy bien, ella ha hecho la buena acción del día. Para qué. No lo ha salvado, solo le ha dado tiempo”. La voz del cinismo no se plantea jamás si una acción es buena o mala. La voz del cinismo piensa siempre en términos de excusa y de utilidad. Pero la respuesta a las preguntas retóricas del cinismo es tan sencilla como las palabras de Elin Ersson: ella ha hecho lo que está bien, que es lo contrario de lo que está mal.

Elin Ersson ha demostrado lo que un individuo puede hacer si quiere. Levantarse, soportar la presión del resto de los pasajeros, enfrentarse a una multa o una condena por desobedecer al piloto de un avión comercial. Detener un vehículo y al mismo tiempo la maquinaria de la indiferencia, como hizo el hombre chino que se paró ante el tanque en la plaza de Tiananmen. Enfrentarse a algo tan gigantesco e impasible como la política migratoria con la única arma al alcance de una chica de apenas 20 años: la resistencia.

 

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