Experiencias virtuales y presenciales en el desarrollo de capacidades en evaluación

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En el marco de las redes, asociaciones, y profesionales de la evaluación,  se ha establecido ya un claro consenso sobre la pertinencia y necesidad de desarrollar capacidades de evaluación. Al mismo tiempo, se reconoce que estamos lejos de arribar a un consenso similar sobre el cómo hacerlo.

La Red de Seguimiento, Evaluación y Sistematización en América Latina -ReLAC- llevó a cabo hace un par de años un relevamiento exploratorio en 16 países de la región a fin de caracterizar la situación de los servicios de evaluación  (una presentación esquemática del estudio puede verse aquí). Algunos datos relevantes del mismo mostraron que los dos asuntos más importantes vinculados con la demanda de evaluación en el sector público eran:
(a) la capacidad de realizar evaluaciones de impacto, y
(b) la capacitación en monitoreo y evaluación.

El panorama en general para la región señalaba que la demanda de servicios de monitoreo y evaluación había crecido mucho más rápidamente que la capacidad de ser llevados adelante de manera competente, mientras que las instancias de formación más comunes resultaban ser las universidades y los consultores particulares.

El estudio en cuestión fue desarrollado en paralelo con un proceso muy interesante que, tanto por su novedad como por su escala, no llegó a ser reflejado en el mismo. Me refiero a las instancias de capacitación auto-generadas por las Asociaciones Voluntarias de Profesionales de la Evaluación (VOPEs por su sigla en Inglés, tal como las denomina la iniciativa EvalPartners). En este caso me refiero concretamente al grupo de trabajo sobre Sistematización y Evaluación, generado en la plataforma Ning de la ReLAC, el cual surgió a comienzos del año 2010 a partir de la articulación de las voluntades de integrantes de ReLAC, del Programa Latinoamericano de Apoyo a la Sistematización de Experiencias del CEAAL (PLAS-CEAAL), y de PREVAL. Partiendo del propósito común de desarrollar actividades conjuntas sobre la sistematización con la participación de las redes nacionales, instituciones y personas relacionadas con la temática, el grupo rápidamente creció en número de participantes como en intensidad y calidad de sus discusiones.

Una decisión que resultó muy acertada fue realizar las discusiones teniendo en vista el desarrollo en Julio del 2010 de la 3º Conferencia de ReLAC en San José de Costa Rica. De ese modo, a partir de su trabajo colectivo en el marco del grupo de trabajo, los participantes concretaron un panel en la inauguración de la conferencia, así como diversas ponencias individuales en la misma. Las instancias que hasta ese momento habían sido virtuales y sincrónicas en el marco del grupo de trabajo, dieron lugar a discusiones y aprendizajes presenciales en el marco de la conferencia, convertida en un escenario para la profundización de la metodología de la sistematización de experiencias, ese particular enfoque de evaluación orientado a generar y compartir aprendizajes sobre las prácticas de intervención en desarrollo y con una profunda raigambre latinoamericana.

Retomando el estudio mencionado antes sobre Demanda y Oferta de Evaluación en América Latina, ante la consulta sobre qué productos o metodología serían los más relevantes para fortalecer las capacidades de evaluación, el lugar de los medios virtuales ocupó siempre el último lugar en las preferencias. Esto marcó un contraste con la experiencia del grupo de trabajo en sistematización, posiblemente porque el mismo terminó siendo una experiencia no simplemente de e-learning (únicamente virtual) sino fundamentalmente b-learning (de blend, mezclado), combinando instancias presenciales y virtuales.

Esteban Tapella (amigo, colega del PETAS, y reciente PhD!), motivado por su compromiso personal con la temática de la sistematización, así como también por el interés que la misma generó en el marco del grupo de trabajo como en otras instancias internacionales no-latinoamericanas,  comenzó hace un año a dictar un curso presencial de Sistematización de Experiencias para estudiantes universitarios avanzados y graduados en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ (San Juan, Argentina). Generosamente me invitó este año a sumarme al curso, el cual también está teniendo una dimensión no-presencial más que interesante. Por un lado, un blog del curso de Sistematización de Experiencias que, abierto a todos los interesados,  no sólo va dando cuentas de los desarrollos del mismo y permitiendo la interacción entre los participantes, sino que también articula a quienes lo visiten con bibliotecas virtuales clave en el tema, a la vez que ordena material audiovisual muy valioso sobre sistematización.  Por otro lado, el acompañamiento en directo que vía Twitter y con la etiqueta #sistematizacion vamos realizando e invitando a que otros se sumen.   Con dos sesiones realizadas (de ocho totales) el curso presencial ha comenzado a movilizar no sólo a los físicamente presentes , sino que algunos colegas se están motivando en armar una instancia virtual del mismo.

La práctica (¡todavía no sistematizada!) parece mostrarnos que una vinculación estrecha entre oportunidades presenciales y virtuales puede ser un camino con muchas potencialidades para el fortalecimiento de las capacidades en evaluación.

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Ni simple ni complicado… Complejo (al borde del caos)

Con mis colegas del PETAS  comenzamos este año a trabajar en un proyecto de investigación con el (¿ampuloso?) título Investigación evaluativa y Sistematización: aportes teórico-metodológicos para el análisis de intervenciones de desarrollo social en contextos complejos. El proyecto apunta a indagar conceptual y empíricamente sobre las posibilidades del enfoque de la complejidad para el abordaje de la práctica de la evaluación y las sistematización en los escenarios de las  intervenciones de desarrollo. Con éstas nos referimos a aquellas acciones intencionales –encaradas por una diversidad de actores- que apuntan al logro de cambios positivos y progresivos en la realidad social.

Una concepción que compartimos es que este tipo de intervenciones suelen establecerse a partir de una particular manera de entender y comprender el mundo. Motivados o urgidos por la tarea de acabar con la pobreza, reducir las enfermedades, mejorar los niveles de educación, aportar a una mejora calidad de vida, etc., se tiende a considerar a dichas situaciones sociales como un rompecabezas. A la vez,  las organizaciones de desarrollo (políticas,programas, proyectos, acciones locales, etc.) suelen entenderse como las piezas faltanten para completarlo, dándole sentido, equilibrio y coherencia.

Esta visión, imperante en las más diversas órbitas de acción en las intervenciones de desarrollo, carga con dos “pecados de juventud” significativos. Por un lado, brinda a las intervenciones (externas) una mayor importancia de la que realmente suelen tener, dotándolas de un peso y un relieve tal que oscurece y/o tiñe la realidad sobra la que se interviene. Al respecto hay mucho escrito y dicho, y particularmente me resultó iluminador desde hace mucho tiempo los aportes de Norman Long, Alberto Arce, y Magdalena Villarreal en la construcción del Enfoque Orientado al Actor.

Pero por otro lado, y en íntima conexión con lo anterior, presentan una fuerte distorsión de la naturaleza de los problemas a enfrentar, dando cuenta  de manera simple del flujo del desarrollo, el cual es … complejo.

La ciencia de la complejidad (por llamarla de un modo sucinto, ya que también hay disputas sobre su denominación: ciencias de la complejidad, teoría o paradigma de la complejidad, etc.) puede aportar insumos valiosos y perspectivas enriquecedoras para entender el enmarañado proceso de cambio social y del desarrollo.

Una de las premisas básicas de la teoría de la complejidad aplicada al cambio social es que las direcciones en su desarrollo tienen a menudo poco que ver con los objetivos pre-establecidos y bien planificados de las intervenciones de desarrollo. Como ejemplos ampliamente difundidos de estas situaciones o sistemas, se han citado los siguientes casos (Gracias a Ricardo Wilson-Grau por el gráfico!):

Además de estas tres dimensiones, una cuarta adicional es la dimensión del Caos, donde no existe la posibilidad de plantear relaciones Causa-Efecto. El ámbito de la complejidad es aquel que está al borde del caos, donde las relaciones causa-efecto son discernibles en retrospectiva, donde campea la ambigüedad y la incertidumbre, pero donde también podemos aprender a manejar las pautas, patrones o esquemas que emergen como consecuencia de la dinámica propia de la situación… Va de nuevo, la complejidad no es el caos, apenas está en su borde…

Explorar las implicaciones de estas ideas nos mantendrá ocupados (y seguramente divertidos) durante el desarrollo de la investigación. Desde ya, el aporte de neuronas, de bibliografía en castellano (como el trabajo de Sergio Belda) y desafíos varios, ¡son bienvenidos!